El Día Mundial de la Disfagia se conmemora cada 12 de diciembre como una iniciativa global para visibilizar los trastornos de la deglución y aumentar la conciencia sobre la disfagia, una condición médica que afecta la capacidad de tragar de una persona, sus causas, síntomas y consecuencias. También busca destacar la importancia de la detección temprana, la prevención y el manejo seguro de la alimentación, especialmente en poblaciones vulnerables o en contextos hospitalarios, y la necesidad de un tratamiento adecuado para mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen.
Esta campaña comenzó en 2011, impulsada por sociedades especializadas en disfagia, logopedia y fonoaudiología, con el fin de promover un mensaje claro:
⦁ La disfagia es mucho más común de lo que se cree.
⦁ Puede ser peligrosa si no se trata, ya que incrementa el riesgo de complicaciones graves, especialmente en adultos mayores o personas con enfermedades neurológicas.
¿Qué se entiende por disfagia?
La disfagia es definida como la dificultad o alteración en el transporte de saliva y del bolo alimenticio en sus estados líquido o sólido desde la boca hacia el estómago, y puede ocasionar diferentes complicaciones, tales como desnutrición, deshidratación o trastornos respiratorios.
Puede ser causada por una variedad de condiciones médicas, como accidentes cerebrovasculares, enfermedades neurológicas, lesiones en la cabeza o el cuello, cáncer de cabeza y cuello, enfermedades degenerativas y más. Puede afectar la capacidad de una persona para alimentarse y beber de manera segura, lo que puede provocar complicaciones graves, como desnutrición, deshidratación, aspiración pulmonar y neumonía por aspiración.
Señales de alerta:
Organizaciones como la Mayo Clinic y la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA) recomiendan prestar atención a señales persistentes como:
⦁ Tos o carraspeo al comer o beber.
⦁ Voz “húmeda” o gorgoteante después de tragar.
⦁ Sensación de que la comida se pega en la garganta.
⦁ Necesidad de masticar excesivamente o tardar demasiado en tragar.
⦁ Evitar ciertos alimentos por miedo a atragantarse.
⦁ Babeo o salida involuntaria de líquidos por la boca.
Especialistas coinciden en que un síntoma aislado no confirma disfagia, pero cuando aparecen de forma repetida o progresiva, es imprescindible una valoración profesional.
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